marquesdelacienaga

Es peste a cular regadío de versos secos encharcados en la ciénaga 'No conozco otra conciencia que la oscuridad translúcida, la sábana de vidrio sobre la que la infernal razón se acuesta. Vivo separado del rumbo de las cosas, hablo del miedo de un heredero alzado contra el funesto monarca de las ciénagas' Juan Carlos Mestre

Mi padre, fenómeno meteorológico



Mi padre tenía un resfriado de astros,
estornudaba estrellas,
y bebía glaciares,
glaciares bien fríos como corazones
del Polo Norte derritiéndose en su boca,
así como los cascos de hielo se funden
en la garganta del volcán en erupción,
dejaba vapores en el aire que parecían
nubes secas
cuando le castañeaban los dientes
en la colisiones de frío calor,
escuchábamos el sonido de las placas tectónicas que emergía
de su intestinos delgados
donde tenía la flora poética
y un hambre de otoños y un páncreas ardiendo.


Mi padre,
masa de aire entre dos frentes,
viento polar descendiente del trópico
donde habitan dos ciclones de regreso a casa.

Mi padre,
en una de esas colisiones entre dos frentes de aire,
se condensó en una nube que no quisimos ver
pero hoy nos llueve tanto que nos cala la memoria
y no recordamos a qué sabían sus raciones de tormenta.

España, tierra de conejos


Ocurre a veces este retorno de la muerte.

En tierra de conejos hay perros voraces, esperan ocultos en la madriguera.
Una vez el disparo, abre la veda, el conejo corre y muere del susto.
No muere por los dientes 
perforando la fibra de sus muslos
ni del bocado en la oreja enhiesta.

El conejo corre por estas praderas.
En la madriguera le espera la policía.
No puede volver a casa. 

El conejo no muere de la porra ni de la zancadilla.

Muere del miedo del ladrido, del miedo del tropiezo.

Hay pasquines en los comercios en quiebra,

dicen ‘todos somos negros. Somos Mame Mbaye’.

Instrucciones para que podamos

INSTRUCCIONES PARA QUE PODAMOS

Materiales: gente, aplausos, libros, televisores,  subrayadores de dos colores: uno para las causas y otro para tachar las consecuencias y una guillotina.

Instrucciones: Coge el subrayador morado y sigue los puntos hasta completar el círculo. No te salgas de la líneas. Coloca una guillotina, árbol de madera o árbol de madera; en el medio.



Hay emergencia social en el país,
gaviotas de las heridas,
tempestades de cisnes sangrientos
-cuervos y buitres-
amenazando a nuestros pobres sin nido
ni pájaros en la cabeza.

Antes de todo esto, debemos sentarnos
a incubar una revolución
porque es justo estar a gusto.

La gusticia social es leer y subrayar,
subrayar y leer, concepto holístico universal
por el derecho del ciudadano de encender la tele en prime time
y debatir si la audiencia nos absolverá o no,
si somos de izquierdas, de derechas o de izquierdechas,
la izquierdecha es como un para adelante
y otro pasito para atrás, con una pluma en el cogote,
y ay qué gusto ver bailar la dialéctica hegeliana
de un padre planchando el socialismo utópico
mientras la madre reboza el pollo, la poca carne que queda en la cocina.


La gusticia de televisar la revolución,
árboles de lobos, caballos de madera dispuestas
en el medio de un círculo concéntrico morado,
-horcas-
que habrán de desollar  nuestros gaznates
porque nos faltan huesos de pollo para tanta sopa seca.




*En este poema he usado las Kenningar de Borges.
Gaviotas de las heridas son los cuervos
Cisne sangriento es el buitre

Los árboles de lobos o caballos de madera son la horca.

Es el amor, Ulises


‘Me duele una mujer en todo el cuerpo’  Borges

Si Ulises emprendiera la vuelta muriendo de amor
por el dolor de una mujer en todo el cuerpo
por el pecado de haber sido feliz sobre su vientre.

Si el anhelo de esa mujer le doliera tanto como
las astillas de su mástil manchadas de vino dulcísimo,
como la sangre derramada cuando los aqueos
mordieron el cuello al cíclope y dejaron su ojo
para los bueyes, como el néctar de Calipso bajo su lengua,
ecos en la cabeza del héroe: ‘Déjalo ya. Mátalos. No vuelvas.No’.

Si aún la quisiera tanto que el dolor en sus rodillas
le hiciera inclinarse frente a los que saquean su palacio,
y la gangrena en su intestinos por el último te quiero bajo la lira del aedo
expandiéndose como una hidra de su costado a sus hombros de acantilado.
Si todas las caricias de sus dedos de espuma incrustara la sal
sobre las heridas supurantes y abiertas del deiforme,
y el dolor de las articulaciones cuando el céfiro
traiga el olor de su vientre de olas
y traiga la primavera  y la alergia degüelle de su nariz,
los cirilos de las ninfas,  el lomo de carne asada ardiente.

Si aún volvieses Ulises porque duele tanto Penélope
y solo el ladrido de unperro al reconocerte muriera frente a ti,
frente a un hombre débil,
un hombre cuyo dolor de una mujer en el cuerpo
hizo volver a un lugar
donde ya nadie le esperaba.

Las grietas de mi abuelo


'La bala de mi bisabuelo agrieta mi costado' María Sánchez


Las grietas en mis manos son las grietas en las manos de mi abuelo.

Tengo hambre de tierra como pan caliente

como azadas apiladas esperando surcos, semillas,

No me puedo encorvar, 

ni acariciar mejillas con estas manos, 

ni hincarme en la tierra para labrar la ausencia porque

 todavía me duele su espalda.

20 sustantivos


el caleidoscopio, el piano, las lentejas, la sustancia, los torreznos, los dedos, el parabrisas, las vallas, la cebolla, el bandido, la marioneta, la ciudad, el envoltorio, el laúd, la pestaña, el iris, la comisura, el moño, el ornitólogo, la emboscada.



Colocad el parabrisas como una valla,
colocad la cebolla para ahuyentar al bandido.

La sustancia de la ciudad
es el envoltorio del piano, del laúd.


Vallas como la comisura de tus labios,
como tus dedos acariciando las lentejas
para que las marionetas no se coman los torreznos.

Emboscada de caleidoscopios incrustados en las vallas.
El ornitólogo ya sabe de tu iris a través de las rendijas,
ya sabe que en tu moño
hay un nido de pájaros
que van a volar por encima de todo esto. 

Como el primer cigarro. Sobre el poema de Luis García Montero.


Las palabras son barcos,
que se pierdan  así, de niebla
                                                                           en niebla]
Cuando el amor encalla en las palabras,
dejando en el pasado de los vocabularios
las sensaciones de frío y del calor,
noches que son la noche,
mares que son el mar,
solitarios paseos con extensión de frase
y trenes detenidos y canciones.

Para acercarme a tu cuerpo tuve que crear un idioma.

Antífona. Sobre el poema de Manuel Machado.



*Canto de coro de misa a dos voces

Ven,
reina de los besos,
flor de orgía,
ven con tu pena,
con tu rezo.

Ven
A ti y a mí nos llevan amos sin leyes.
Yo sé que los que nos aman nos desprecian.
Y son justos.
Yo sé que nos adoran.

Oh! Así los dos,
con tu hermosura podrida, con mi lira rota
pagamos con oro el desprecio.

Oh! Ven y reiremos juntos.
Ven y diles con esa boca lasciva
que no son de este mundo nuestros *caminos.
Ven.


Todo el mundo tiene derecho a tener una nacionalidad

Todo el mundo tiene derecho a tener una nacionalidad

En los cafés de Granada, digo, en las tabernas,
siempre se podrá hablar de Cataluña,
no estarán los huesos de Lorca cuando volvamos,
ni su sobrina Laura, ni el gitano de Morente,
ni mi moto Manoleta, ni tan siquiera mi padre,
ni el viejo Pedrito enunciará la humilde
necesidad de distorsionar los sentidos para ver.

Pero de qué otro tema podrá hablarse,
-digo yo, hace tiempo que estoy lejos-
tal vez de que el culo de la Guiomar
es como una gitana virgen pariendo
atardeceres, en la ciudad de los atardeceres
larguísimos, como el discurso onanista de Clinton
frente a la Alhambra, como el canto de Boabdil en la Torre de la Vela.

No creo que el quejío lo haya dicho todo,
no ha dicho que Dios no es la espiga ni el minuto,
ni la azarosa historia y sus abismos,
no ha dicho que el perro andaluz
era un siervo despeñado por un barranco desde una torre,
y así se marcan los límites de la península.

En los cafés de Granada, digo, en las tabernas,
de qué otro tema podrá hablarse,
de que los rascacielos opacan los atardeceres
en las ciudades donde emigramos,
(Madrid, Londres, Luxemburgo, Florida)
porque aquí ya no queda vino que llevarse al gaznate
y así no hay quien se masturbe ni quien llore cisnes,
que los compadres no criaremos a nuestros hijos
bajo estos atardeceres rojos
bajo estos paredones
bajo este palacio,
que el culo de la Guiomar está sentado en un avión
y ay qué pena señor, ay qué pena,
que están naciendo atardeceres más allá del meridiano,
pero no, no se parecen a nuestros hijos,
que volveremos a vernos cuando
la procesión del Cristo del Silencio
calle, por un momento, a toda la ciudad,
y no se hablé más en las tabernas
de lo mala que está la cosa por Cataluña,
porque eso ya lo sabemos,
por eso allí no emigramos.

Y no se hable más del miedo de seguir estando vivos, la culpa de morirnos para nada.

Todo el mundo tiene derecho a estar en silencio



Hay una paloma muerta en el tejado.

Los gatos no llegan.

Los lagartos del edificio

no comen carne pútrida,

el sol no va a evaporarla,

las palomas no cantan, si cantaran

harían más alegre el edificio,

harían un corro en torno a ella

y le darían un entierro digno.


El cielo azul.

El cielo azul



los adolescentes estudian y se masturban
orbitando en sus sillas giratorias autoajustables;

el polaco del apartamento de abajo pinta su boca de carmín
y muerde, muerde su ración de pollo frito,

los diez inmigrantes casados con otros doce,
adiestran al colibrí que cazaron con el lazo para que cante,
mientras ponen el pollo al horno y cantan las canciones del subterráneo,

el cielo azul,
el cielo azul,

y el hombre del colt-45 agazapado
siente los navajazos del frío
y bebe agua a morro del canalón


el cielo azul
el cielio azul nevado

y una paloma muerta congelada en el tejado,

en posicición casi erguida

como si fuera a anunciar

con su último canto

la llegada del invierno.


Y nadie la va a recoger.