marquesdelacienaga

Es peste a cular regadío de versos secos encharcados en la ciénaga 'No conozco otra conciencia que la oscuridad translúcida, la sábana de vidrio sobre la que la infernal razón se acuesta. Vivo separado del rumbo de las cosas, hablo del miedo de un heredero alzado contra el funesto monarca de las ciénagas' Juan Carlos Mestre

La luz del costado

Alguna vez se acabará todo lo nuevo,

será entonces cuando volvamos al pueblo

y la plaza donde el beso

y la plaza donde el puño

y la plaza dónde

será entonces cuando le digamos

madre, tenía razón.


siembre  vientos


Traje tempestades

y farolas ácidas

y el aullido a medianoche

y las dentelladas sobre mi pecho

y el fango de domingo por las aceras,


le diremos entonces,

tartamudos,


madre, no volveré a mudarme de tu vientre.










Don Gonzalo


Dicen que es sano reirse de los problemas.

Javier López vomitaba todas las mañanas antes de ver a D. Gonzalo.

D. Gonzalo era nuestro profesor.

D. Gonzalo escupía gargajos por la ventana.

D. Gonzalo nos daba miedo.

Cuentan que D. Gonzalo escupió por la ventana del otro colegio

y cayó en la calva del Director,

por eso estaba destinado aquí: a darnos miedo.


Javier López me dijo una Navidad 'Por las mañanas, antes de ver a D. Gonzalo, vomitaba''

Lo dijo como riéndose.

Teníamos 28 años.

Conocimos a D. Gonzalo con 10.

Habían pasado 18 años desde el primer vómito de Javier.


El vómito de Javier podría ser padre,

estudiar para profesor,

incluso haber conocido a D.Gonzalo.


Javier se reía como volviéndose a vomitar encima.


18 años para poder reirse de todo aquello.


Yo me meaba todas las mañanas de miedo

-y no de risa-

pero nunca se lo dije.

F.S.L.N. (Fuimos Siempre Libres con Nadia)

En la guerrilla de la naranja agria

se escucha el taconeo en la montaña

y una brigada de lengua de suegras

y la sal en las esquinas

-oígame Sr. aquí no se matan a los pollos-

Así avanzamos a la victoria

con el Rock and Roll del café

hierven los sueños de tres habitaciones contiguas

y el chacho canta 

(mejor que el gallo del vecino).


En este casa hay arcoiris en los armarios

ni quiera Dios romper el ritmo

de nuetsra madre nica que es como la tierra

pero con más raíces.


Habla la vida por teléfono desde Managua

ya no aguanta más injusticias

y por eso estudia.


Así llega la tarde

con el arroz con frijoles,

frijoles con amor,

o el gallo pinto.


-Vaya a por queso Isara

y entra el queso  envuelto en 15 años

y un vestido azul.



La revolución era un té,

un hogar sin espíritus,

un perro que mueve el rabo,

un naranjo agrio

-con menos ramas-.



Que riegue la lluvia el llanto

y sigan abiertas las puertas del palacio

y que descanse la dama de color tierra húmeda

y el guerrillero de brazos ajados:

es nuestra voz y es nuestro canto.


Hoy te lo puedo decir con la sonrisa en la cara, en esta casa hay amor y en Nicaragua.





*Este poema ha sido escrito en la trinchera de una flor germinando por Clara Adell y Manuel Molina.



















Aceitunas X

La muchacha ahogada en su propio jugo ha de gritar.

Ha de gritar loca de fuego,
haciendo gorgoritos,
ha de gritar borracha de lava,
ha de gritar hasta llenar de sal las ciénagas,
ha de gritar con el útero materno,
ha de gritar ahogada frente al muro de Ceres:
'otoños-otoños-mamá-otoño-
ha de gritar debajo del puente,
subir al cielo,
y romperse los nudillos
sangrando una estampida de bisontes cojos,
ha de gritar frente a las puertas cerradas
con cerraduras tan grandes como una pradera llena de teatros
donde los arlequines
se atragantan con meteoros
rasgan su voz
como este canto de 'paz-paz-ciruela-paz'.

Porque queremos liberar el ritmo de tocadiscos prisioneros,
arrancarle los oídos al sacerdote sordo en el confesionario,
y que shiva nos absuelva de todos los futuros que gritan más que la muchacha.

Grita, niña.
Grita y luego duerme.
Ya no queda nada.


Aceitunas terapéuticas IX


No sé si eres una amante o una manzana en su punto álgido,
a punto de caer del árbol,
y luego la gravedad,
y luego las picaduras de lombrices,
y el humus de la tierra
y luego las picaduras de los pájaros

-estas guapísimo cariño, pero me siento débil-

En ese preciso momento
de manzana fecunda caída en tierra,
descompuesta en astros,
que asienten ante el  nacimiento de la nueva semilla

que piden silencio al rumor del bosque porque va a nacer un árbol.


2-

Nadie nos habló de las ciénagas
pero hay voces tan profundas en este mundo
que perturban el inmenso silencio de los astros.
Aquí hay un corazón que es un marqués que habita
los rotuladores del dibujo incompleto desgarrado.
Hay corazones que tienen forma de zapatos.
Supongo que no son como el resto aunque no quiero que lo sean.
También  hay amantes con forma de frutas maduras.
Esa eres tú,
 la mujer manzana fecunda gritándome
-estás guapísimo cariño pero me siento débil-
y luego la gravedad
y luego las picaduras de las lombrices
y las picaduras de los pájaros,
caerás,
y  serás el humus que alimenta la tierra,
te descompondrás en astros

que asienten silenciosos ante el nacimiento de un nuevo árbol.

Aceitunas terapéuticas VIII

Levántate.
Te ofrezco la aceituna terapéutica 
al filo de tus labios de navaja.
Vamos.
Deslízala traviesa desde tus dientes rompeolas
hasta el fondo del volcán.
El bote de cerveza helada enjuagará
el hilo de verde sangre,
Entonces nos besaremos como trenes paralelos 
al cruzarse en la estepa rumana,
nos besaremos dándonos de comer y de beber
y luego el vino blanco
y luego ven bebé que te llevo en mi moto de cuatro estaciones
(y una ventana de repuesto en el garaje)
y necesito que te agarres bien fuerte 
para sostenerme en tus labios de navaja.
Recorreremos el filo punzante,
tus 25 playas y medio verano desgarrado,
rajaremos carreteras,
dejaremos atrás países independientes
y otoños en las ventanas. 
Ven.
Puede que los forajidos me disparen 
pero tengo una lata de atún en el pecho,
puede que nos piquen los mirlos tifoideos en nuestra ruta,
porque desprendes las esporas de un jardín de tubérculos
sembrado en  la selva amazónica de tu pelo negro.
Y si llegamos te prepararé algo de helado
o una pera y ya sabes kiwi,
y recogeré  la cintura del vestido amarillo
con mis brazos de río profundo
y allí lavarás los pies y tenderás la ropa.

Y así,
rajándonos,
llegará el atardecer y nos dará miedo,
tendremos que volver y nos dará miedo,
porque ninguno de los dos hemos descansado del todo,
así,
en el filo de las cosas,
nunca nadie ha descansado.

Pero aún nos queda gasolina,
amor,
y carretera en la nevera
y más aceitunas como estas.
                                                        

Aceitunas terapéuticas VII

Se le ha caído a la niña tubo el rotulador que le dejaste
al fondo del mar,
ahora la niña quiere ser pez,
y recuperar todos los cisnes perdidos en la Atlántida,
y quiere el pez ser un tubo para conectarse con el fondo del mar
y liberar a todas las niñas que perdieron sus dibujos inacabados.

En ese esfuerzo del pez al rascar las costras de la tierra,
En ese esfuerzo de la niña en su búsqueda
En ese esfuerzo de ambos de hurgar en el fondo
En ese esfuerzo, han despertado el aullido de un volcán en duermevela.

Y ahora el agua hierve.
Quema.
Ahora que nos bañamos con piedras volcánicas
tal vez dirán de nosotros que nos quisimos hasta hirviendo,
que en el agua caliente ablandamos los fondos de nuestras pieles,
abriendo los cráteres de nuestros volcanes más profundos
allí donde se escondían los puntos negros  del amor.

Y así hurgas en mí estrujando los astros de mi frente,
y así erupcionó mi rostro mostrando algo oculto:
el dibujo de la niña y un rotulador gastado.