marquesdelacienaga

Es peste a cular regadío de versos secos encharcados en la ciénaga 'No conozco otra conciencia que la oscuridad translúcida, la sábana de vidrio sobre la que la infernal razón se acuesta. Vivo separado del rumbo de las cosas, hablo del miedo de un heredero alzado contra el funesto monarca de las ciénagas' Juan Carlos Mestre

Receta para resistir la ciudad en posibles días de lluvia


Para resistir en la ciudad se necesitan dos ingredientes: memoria e imaginación.

Es un plato fundamental para las posibles tardes de lluvia cuando se desgarran los otoños y duele.

Imaginación. Ponga cuatro o cinco ventanas de las que apenas dan consuelo, o no lo dan tanto como en otras estaciones. Es recomendable que sean de esas donde viven doce inmigrantes casados con otros trece. Algunas ventanas guardan en sus espinas reflejos de niños jugando calle abajo a 'a ver quien caza más colibríes con lazo'. Tenga cuidado, algunas ventanas pueden contener trazas de muslo hermafrodita y hervido colibrí. Absténgase si tiene dudas del suelo que pisa. Deje en el fuego hasta que truene, el viento quiebre el árbol y los embalses del dictador se desborden. El sonido de la ambulancia le avisará que ya está listo.

Memoria. Busque en la despensa la memoria picada. Aquella que de tan seca es casi polvo. Separe las huellas del que labró su apellido. Es importante que sean de aquelllas de quien para aprender a leer hizo quinientos kilómetros en burro y luego hizo un poema para el burro, el burro se comió el poema  el abuelo se comió al burro. El enfado del dueño del burro le dará un aroma muy tradicional. Reciba las primeras gotas de lluvia en su mano y acaricie levemente la memoria. Mezcle en olla de barro cocido, construido por José el albañil, hijo de albañiles y padre del hijo de dios.

Sirva cuando esté diluviando.

Riéguela con caldos de lluvia exprimida pero no se empape.

Ponga una aceituna a la memoria de su abuelo.

Imagine que no llueve.

Sírvalo en plato de padre.

Esta receta no sacia la soledad pero la limpia.

La asimetría del padre


Hay un hombre muriendo solo y grita.

Y yo una vez estuve cerca de la ciencia,
estuve observando la naturaleza desde otros ojos,
a mi abuelo le había tocado la lotería,
y miles de gallinas e derramaban por sis clítoris,
quería verificar que iban a ser sus hijos,
pero cuando miré ya se habían derramado
en la asimetría del padre barriendo las cáscaras.

Insiste la estampida de bisontes rayando
mis pupilascon el ritmo metalúrgico de su trote
y mi cabeza torrefacta borbotea lo que iban a ser los buenos días.

Insiste.
Insiste el ruido.
Insiste el ruido de miles de gallinas quebrando sus espuelas,
sus frentes contra las paredes de su cielo.

Para poder hacer de gallo,
tendrán que hacer de vientre
y luego la sacudida de la jaula,
los que iban a nacer están en el suelo
y la asimetría de un padre barriendo.

Ese es el hombre.
Ese es el hombre que muere solo y grita.

Vaya cuento tiene el pato



‘Un nervio lo embiste en la zona de la nuca’ Gonzalo Hermo.

He elegido ser Dios
 en la dicotomía entre pato y cisne.

Un cisne arrastra 
la condena del cuello encorvado, contemplando
con ojos de gorrión la revelación desplazada del agua:
cisnes multiplican cisnes. Se dicen ‘Tú eres, tú eres’.


Él también lo sabe, no hay belleza posible,
solo sequía, para el que con alas mugrientas 
espera a través de un invierno los gemidos
de la penetración del agua en la tierra,
para poder nadar un rato.

Dios, haz que ocurra el milagro del agua.

Hágase la revelación de la lluvia en la concesión del rezo

y déjele un charco al ave.

Si el pato nadase,
Si contemplase su reflejo de cisne con el cuello encorvado
y un nervio le embistiera en la zona de la nuca,
y picotease su imagen saciando el pico de sed
cuando en realidad
el pato tan solo tenía hambre.

Por eso, solo Dios, por eso.
En la dicotomía entre pato y cisne:
prefiero ser la lluvia que llena los pantanos de espejos.

Pregúntale al crepúsculo

En esta ciudad sin ti, la primera vez.
Crepúsculo.

¿Cuándo
atravesarás la Castellana otra vez
y el ruido de los coches no apagará la memoria de tus pasos?


¿Dónde
hay huellas buscando el valle
donde no pastan ya nuestros bisontes?


En ese rincón de poetas, la primera vez.

¿Cómo
taconear el poema
con ritmo de arlequines prisioneros?

En esa escuela de profesores, la primera vez.

¿Para qué?
Si nadie ha enseñado a saltar a un Ángel que iba a morir
hasta darse coscorrones con las nubes.

En esta habitación, la primera vez.
Crepúsculo.

¿Quién?
Volverá a pisar el polvo de la alfombra,
acariciará las caries del tigre para que no ruja
y después abrirá la ventana para que entre el aire.


Dejaste los zapatos rojos con los que
pasas
pisas
taconeas
saltas

Crepúsculo.
Todo el dolor de unos zapatos.
Todo el dolor de una pregunta.
Y todo el dolor de una respuesta.
Crepúsculo.
Y todo el dolor de una palabra.




Iván, el tal Iván

El mundo que conocemos se hunde en la demencia.
Fíjense que le escribo al tal Iván
y me responde que no piensa publicarme 
‘No más dequeísmos o te corto la cabesa’, me dice.

¿De qué me tienes que decir tú a mí
que no hay más dequeísmos en mis poemas?

Bum. Bum. Plaf. Alá es grande.
Taca-taca.

Y un bebé en su taca-taca cruza por el margen del río.
Lo apunto 8 centímetros a la derecha.
También apunto de que tengo que dejar más márgenes.
Apunto con mi pistola al marginal,
muévete de ahí cabrón o no me publican.
A punto está ya de comenzar el poema.

Pasen y vean.
UUUUU.
Y los lobos aúllan sin la letra A,
para que no les reediten todas las ediciones antiguas en ‘Pedro y la loba’.

*

Este cuento sería como mis sueños de harén.
¡Aren, esclavos, campesinos, mujiks!
¡Hagan de estos versos una dacha!
¡Planténme unos labios jugosos en ese arriate!
¡Y unos pezones ecológicos sin sujetador que se enreden por las matas!


(Inserte aquí verso de poeta gallego premio de poesía 2017)

Y luego plántense ustedes y váyanse sin tocar nada.
Plántense contra la tiranía de los amos de la tierra.
¿No le parece suficiente revolución campesinos labrando poemas?

***

Ay, que alegorías me da la vida.
Estos misiles de similes contra el telón de Iván.

¡Alarma! ¡Alarma¡

Pero qué figura más literaria se te ha quedado esta noche,
después de esa operación métrica que te gastas. Fiu Fiu.
Morena, te haría híperbatones ahora mismo pero no sé.

****

Yoda hablaba con hiperbatón.
‘Hazlo o no lo hagas, pero no intentes’, le decía.

Debería colgarme de una gruta como una estalactita y escribir al revés,
escribir al tal Iván 
‘Mira tenía razón Yoda. No voy a intentarlo más’.

La carta iba a mandar 
pero muertas se hayan ya las palomas del poeta
y en la memoria hay ríos donde mojamos infancias.

Mierda. 
Se me ha escapado la idea del margen del niño con el taca-taca.

Escucho un ruido de metralla.
Estoy seguro de que es Iván matando al niño.
El mundo que conocemos se hunde en la demencia.
¿Estará bien?
Voy en su busca.
Adiós.

Di que es dique

¿Qué buscas, poeta del ocaso? Antonio Machado



¿Qué buscas, poeta, del ocaso?

Si el ocaso te encuentra
derribando un muro.
Si los hombres hacen muros
yo soy hecho por el muro,
derribo a todos los hombres,
derribo el ocaso frente al muro.


¿Qué busca el ocaso del poeta?

Di que sientes en el dique
ahora que todo es espuma
¿Sientes diques?
Espuma sobre espuma.

Ahora que haces muros
y haces]

de luz en las grietas
como pezones 
fugitivos que escaparon
     rayando pupilas]
que sueñan con saltar.


Acaso cuando te pones el rímel
en el reflejo del acuario,                                 
  espuma]

porque ha gastado los espejos,
¿di qué es?]
lo que pensarán los peces,
¿di qué es?]
lo que pensarán los vecinos

cuando les espiamos después de despertarles.


Pesco en el dique 
un ocaso,
o soy pescado por el mar;
y con un anzuelo ensartado, con una
lombriz sangrándome en la boca
te pregunto 
desde las branquias:
si acaso 
el ocaso no es una pecera reflejo
 de las pestañas y su rímel,
acaso 
esos ojos, 
que hacen los muros
y derriban los muros.

¿Di qué es?
Di que buscaba el ocaso de nosotros.
Di que es.
Dique.


Di.

La luz del costado

Alguna vez se acabará todo lo nuevo,

será entonces cuando volvamos al pueblo

y la plaza donde el beso

y la plaza donde el puño

y la plaza dónde

será entonces cuando le digamos

madre, tenía razón.


siembre  vientos


Traje tempestades

y farolas ácidas

y el aullido a medianoche

y las dentelladas sobre mi pecho

y el fango de domingo por las aceras,


le diremos entonces,

tartamudos,


madre, no volveré a mudarme de tu vientre.